Insomnio y los efectos de la privación del sueño

El insomnio es una problemática cada vez más observable debido al alto número de personas que lo padecen o lo han padecido en alguna etapa de su vida. Hemos de reconocer diversos factores que impulsan su aparición: factores medioambientales –especialmente en la ciudad– como el ruido, las luces, el uso de nuevas tecnologías o el clima; factores psicológicos como la angustia, ansiedad o la depresión y factores orgánicos como los generados por influencia de medicamentos, cafeína o lesiones cerebrales.

En algunos casos el insomnio aparece como resultado de angustias persecutorias y confusionales, deriva de una sensación de desconfianza, temor o culpa que mantiene en un estado de vigilia a quien lo padece, estas sensaciones desencadenan una imposibilidad o una renuencia para conciliar el sueño. La falta de descanso a corto y largo plazo genera síntomas de desgaste y agotamiento físico como la amnesia y la narcolepsia, ambos síntomas de “apagones neuronales”, bien sabido es que no operamos de igual manera tras largos lapsos de abstinencia de sueño. Otra consecuencia regular de la privación del sueño, es que con ello aumenta la actividad de la amígdala cerebral, responsable de respuestas emocionales. El insomnio puede desencadenar episodios de sensibilidad o irritabilidad emocional en quien lo padece.

Para conocer más sobre algunas de las consecuencias que trae consigo el insomnio, se han realizado estudios experimentales de privación del sueño, de ellos derivan los siguientes resultados:

1.-Después de 24 horas de privación aparece una necesidad imperiosa de dormir. Los síntomas más destacados son fatiga, ardor y sequedad de ojos.

2.-Al cabo de tres a cinco días sin dormir aparecen alteraciones en la visión (diplopia, visión borrosa y de humo o niebla en paredes y puertas), sueños en vigilia, imágenes hipnagógicas (esto quiere decir prácticamente alucinaciones, ya sean auditivas, táctiles, olfativas o visuales), escritura ilegible y lectura dificultosa.

3.-A partir del quinto día en vigilia se constata la presencia de micro-sueños que aparecen cada vez más frecuentemente. Aparición del «segundo aire», especie de aparente recuperación de la fatiga.

A nivel de lo cognitivo se determinó que las alteraciones más importantes son las siguientes:

1.-Tareas aritméticas. Disminución de la velocidad de realización de las operaciones.

2.-Atención. Las tareas que requieren vigilancia continua son las que más se deterioran por la falta de sueño, en concreto las tareas en las que se requiere atención selectiva para descartar la información irrelevante, como lo es por ejemplo el mismo hecho de manejar. Por eso es tan importante —y nos lo recuerdan en todas las carreteras del país— el descansar bien antes de conducir por tramos largos.

3.-Memoria. La memoria inmediata es la que más sufre los efectos de la privación de sueño. Es decir, los recuerdos recientes son los que se pierden, recordando con mayor nitidez eventos menos próximos.

5.-Déficit en tareas psicomotoras. ¡Intenta jugar Jenga después de no dormir dos días y ya veremos qué tanto éxito consigues!

Volviendo a lo general, gran parte de nuestra vida la pasamos durmiendo, y es el reposo un estado fundamental de procesamiento de información, ya que mientras nuestro cuerpo reposa, nuestros cerebros procesan, condensan, articulan, o desechan información proveniente de los múltiples estímulos de nuestro día. Yendo sobre esa línea aparece la importancia de los sueños y sus múltiples funciones de compensación, prospección o reducción, tema, sin lugar a dudas, para otra nota. Además de los procesos inherentes al funcionamiento cerebral, al dormir se restablece la homeostasis del organismo en tanto sea necesario, es decir también nos recuperamos de dolores, fatigas y más achaques que la vida nos regala.

Afortunadamente la recuperación de los efectos de la privación total del sueño se produce con facilidad y solamente requiere un sueño reposado en algunos casos de una duración un poco más larga de lo normal. En un escrito alemán publicado en 1984 —”Wenn wir schlafen und träumen” o “Cuando dormimos y soñamos”, para los cuates. Porque qué feo cuando se citan artículos o investigaciones fantasmas, ¿no creen?— se supervisó cómo un estudiante californiano consiguió estar en vigilia 11 días y 12 minutos. Para recuperarse solamente necesitó 15 horas de sueño. De acuerdo con los ciclos de vigilia-sueño y de temperatura, es improbable que nadie pase más de 16 horas durmiendo sin despertarse. Por lo cuál, por más fatigados que tengamos, o como pensamos algunas veces, por tanto “sueño acumulado” que tengamos, tan sólo requerimos de un buen y merecido episodio de reposo para recuperarnos. Aunado a esto hay que agregar que nuestro cerebro tiene un mecanismo funcional maravilloso al que se denomina “plasticidad cerebral” y esto alude a la capacidad de adaptación que tienen nuestros cerebros para acostumbrarse a actuar de acuerdo a las necesidades de nuestra vida, incluso si hay que destinar nuevas o distintas regiones del cerebro para regularnos. A lo que esto se refiere en términos prácticos es a que en personas que por una u otra cuestión de la vida, sólo tienen posibilidad de dormir 5 horas al día, eventualmente su cerebro se adaptará para descansar o llegar a sueño profundo más rápido, aprendiendo a descansar lo suficiente con el tiempo que se tiene. No olvidemos que la característica más admirable de nuestra especie es la capacidad de adaptación, y los ritmos circadianos del sueño no son la excepción.

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